domingo, 7 de agosto de 2011

Media4All, los «Óscar» de la traducción audiovisual (parte II)

Perdón por haber estado tanto tiempo sin actualizar, pero tenía mucho trabajo y la conexión a internet muy limitada, ya que acabo de mudarme de piso y aún no han venido a instalármela.
Como ya expliqué en mi anterior entrada, la última semana de junio acudí al congreso Media4All, donde las celebrities del mundo de la traducción audiovisual se reúnen para compartir lo último sobre investigaciones llevadas a cabo en los últimos años, además de algunas opiniones conflictivas.

Llegamos al segundo día, el día en el que me tocaba presentar. Los nervios seguían a flor de piel. Es más, estaba tan nerviosa, que se me olvidó mirar el horario del segundo día y aparecí allí a las nueve menos cuarto de la mañana... Fue entonces cuando me di cuenta de que la jornada no empezaba hasta las nueve y media. ¡Chachi piruli! Con el sueño que tenía... Peeero, como me tocaba presentar a las 11 de la mañana, decidí aprovechar esos 45 minutillos para repasar mi presentación. ¡Ay, madre, qué nervios!
Pero antes de que me llegase el momento de gloria, había una sesión y, de nuevo, tocaba decidirse por una de las 5 salas que ofrecían ponencias. Eché un vistazo y me decidí por el Fansubbbing, algo que parece que no muchos se atreven a hablar, pero que creo que merece que la nombren como disciplina dentro del mundo de la traducción audiovisual. Así que, para allá me fui. La primera presentación fue a cargo de los representantes de Sub-ti (uno de los ponentes, Federico Spoletti, fue el mismo que había presentado el día anterior el estudio sobre la audiencia de los festivales de cine en Italia) que había organizado un concurso de traducción para fansubbers, y nos ofrecieron los datos de los resultados tanto de participación como del resultado final. Fue curioso ver cómo el ganador no tenía ningún título específico en nada relacionado con la traducción audiovisual (era filólogo, si no recuerdo mal).
Otra prueba de que hay por ahí mucha gente que tiene dotes excelentes como traductores sin que hayan estudiado la carrera de Traducción (ojo, no quiero decir que ahora deberíamos ser todos traductores sin carrera. No. Quiero decir que, al igual que hay médicos que son excelentes escritores, también puede haber no-traductores que son excelentes traductores, al igual que hay traductores con carrera que son una patata traduciendo). Después de que acabasen (se alargó más de la cuenta, ya que Elena Di Giovanni tenía muchas ganas de contárnoslo todo y no había forma de que resumiese y acabase su parte), llegó el turno de Francisca García Luque, que nos habló de la accesibilidad en el fansubbing. Otra presentación muy interesante, con vídeos comparativos. La última presentación trataba de la traducción de las series musicales, con el ejemplo de Glee y, sinceramente, fue un peñazo. La ponente se dedicó a leer, sin gracia ni soltura, todo el texto que había preparado, así que agradecí que mi cuerpo me pidiese acudir al baño. Cuando volví, casi había acabado y me informaron que no me había perdido nada. J
Tras una interesante ronda de preguntas, llegó la hora del descanso (té, café y galletas), en el cual apenas pude descansar por los nervios, así que, decidí irme a la sala a prepararme. Damas y caballeros, había llegado mi momento de gloria. Por el camino me encontré a Miguel Bernal, que me tranquilizó (un poco) con palabras de ánimos y de que, total, es como estar con amigos contándole una historia (ya, claro, igualito). Poco después llegó
Xiaochun ZHAN, una chica china de la Universidad de Viena que hablaría del orientalismo en los videojuegos. Estuvimos hablando un rato, mientras iba llegando la gente, incluida Carme Mangiron, que también presentaría una introducción al proyecto en el que estaba trabajando.
Yo era la primera, así que, me dispuse a saludar, y empecé a hablar. Según iba hablando, me sentí más cómoda y todas las palabras que llevaba tres días intentando memorizar, pero que parecían perdidas por los océanos oscuros de mi cerebro, parecieron encontrar cierta coherencia (creo) para salir de forma ordenada de mi boca. Tuve que contener algunas otras que querían salir y no debían. No debían porque sabía que, si lo hacían, me pasaría del tiempo adjudicado. El tiempo llegaba a su fin. Pude ver cómo Miguel (el presidente de la mesa) me mostraba el cartelito de «faltan 5 minutos» y pensé «¡qué bien! ¡Solo me faltan un par de diapositivas!» (nota: en Mallorca, la expresión «un par» significa «unas pocas»). Seguí hablando y diría que no me enseñó el cartelito de «te falta un minuto» ni el de «Time’s up! L» (o, al menos, no los vi), pero acabé, y me sentí aliviada y, sobre todo, satisfecha.

Después de mi presentación, estaba ya más tranquila para escuchar a Carme Mangiron explicarnos el nuevo proyecto en el que está involucrada con la UAB, en el que analizarán los subtítulos en los videojuegos y la atención que el jugador presta a esos subtítulos, en qué parte de la pantalla fija su atención, etc., gracias a un programa de esos que leen el movimiento de los ojos. Un proyecto interesantísimo, vamos. Justo después, Xiaochun empezó su presentación. Nos habló de los cambios que hacen las empresas de videojuegos chinas al contenido de los videojuegos, como la caracterización de los personajes (heroínas chinas con vestidos «típicos» y rasgos semiorientales, como en los dibujos animados chinos), la restricción de menciones a lugares reales en China, la creación de ambientes «tópicos», etc., para hacerlos más atractivos al público occidental. Al mismo tiempo, todos los videojuegos que se venden en China pasan por una censura de cambios y eliminación de todo el contenido que al gobierno les parezca insultante o moralmente incorrecto.
Por ejemplo, nos contó como muchos videojuegos no llegaban a distribuirse por ser excesivamente agresivos o, simplemente, por haber en ellos matanzas a ciudadanos chinos, menciones a lugares emblemáticos (como la plaza de Tiananmén, que cambió de nombre en un juego para poder distribuirse en China) o, incluso, porque los «malos» eran chinos. Fue una presentación interesantísima que, como comentó también Carmen durante la ronda de preguntas, es muy paralela al japonismo y occidentalismo de los juegos japoneses y, por extensión, a la comida china y japonesa que se vende en muchos restaurantes de occidente, que nada tienen que ver con lo que se come al otro lado de Asia.
Tras la ronda de preguntas, llegó la hora de comer. María Solà, que había estado escuchando mi presentación, se me acercó después de la ronda de preguntas para preguntarme información de cómo entrar en este mundillo... Ay, qué ilusión sentirme útil. Con ella fui al «comedor» y tal fue mi sorpresa al ver las mesas con comida, que si no hubiese sido una chica bien educada, me habría abalanzado sobre ellas. Esta vez sí que se lo curraron y la comida no solo tenía una pintaza increíble, sino que, además, estaba buena y había mucha. Cada vez que se acababa una bandeja, ponían otra. ¡Qué bien comí! Fue entonces cuando conocí a Paola, una chica argentina que estaba interesada en traducción audiovisual, pero se quejaba de que en Argentina nadie escribía sobre ello y, aún peor, ni siquiera había estudios superiores en traducción audiovisual. Estuve hablando con ella un buen rato, y babeando con su hablar argentino... Ay, ¡cómo me gusta! Entre charla y charla, se acabó la hora de la comida y volvía la de las decisiones. Una ojeada rápida a la lista y pensé que, en la sala principal, me lo iba a pasar bien, ya que parecía que se hablaría de la situación de la situación del traductor audiovisual... Y seguro que eso traería pelea.
Para allí me dirigí, mucho más tranquila y preparada para seguir tuiteando el congreso. Empezó Susanne Verberk, quien explicó las dificultades en las que se encuentra como traductora audiovisual y cómo ha tenido que cambiar su estrategia para conseguir más trabajo. También nos comentó la situación de la subtitulación en Bélgica. Y, por supuesto, también quejas sobre la baja calidad de algunos de los subtítulos. Susanne dio paso a Anna Jankowska y Anna Celińska, que habían venido a explicarnos los resultados de un estudio que habían realizado sobre las condiciones de trabajo del traductor audiovisual, y de cómo las tarifas son, cada vez, más bajas, piden más volumen en menos tiempo, etc. Su preocupación llegó hasta tal punto, que decidieron crear la Asociación polaca de traductores audiovisuales para intentar proteger, de alguna forma, los derechos de los traductores audiovisuales en Polonia.
El ambiente se empezaba a caldear: se oían cuchicheos por la sala, gente asintiendo y alguna que otra queja al escuchar que en Polonia las cosas no eran mucho más distintas que por aquí. Fue entonces cuando el danés Claus Stenhøj salió al estrado y empezó a explicarnos cómo empezó en esto hace ya muchos años, cuando ser traductor audiovisual era no solo algo prestigioso, sino que, además, estaba muy bien pagado. Sin embargo, poco a poco, fue viendo cómo grandes empresas iban bajando y bajando las tarifas que pagaban a sus traductores, y cómo, cada vez, la calidad de los subtítulos daneses era peor.

El momento clave llegó cuando mostró una lista de oficios con sus sueldos medios en Dinamarca, y el puesto del subtitulador estaba, ¡tachán!, en el último puesto, por debajo del «sueldo» (o, mejor dicho, de lo que gana) un parado. Sí, en Dinamarca (y me arriesgaría a decir que también en muchos otros países), el dinero que un subtitulador gana en 8 horas de trabajo, 5 días a la semana es menor que lo que se ganaría simplemente cobrando el paro.

Acabó su presentación con un decálogo del subtitulador, y dejó el horno preparado para una buena discusión en la ronda de preguntas, durante la que se dejó claro que había muchos traductores/subtituladotes enfadados por las bajas tarifas que se manejan, y bastantes representantes de agencias y grandes empresas que parecen no entender que, de esta forma, no se consigue calidad y que de ellos depende convencer al cliente de que vale la pena gastar un poco más y conseguir buena calidad.
Con este ambiente caldeado, llegó la hora del té. Un descansito para reponer fuerzas, comentar las diferentes ponencias a las que habíamos ido y volver a decidir a qué presentación acudiríamos. Yo quería ver la de las profesoras de mi universidad, ya que sabía que sería muy interesante, así que, allí me dirigí. Por desgracia, habían cambiado la sala, y no tenía ni idea de dónde estaba. Por suerte, encontré a Jorge Díaz-Cintas (el organizador del cotarro y una gran persona), quien me dejó en manos de uno de los voluntarios para que me llevase hasta la sala. Llegué y ya había empezado, pero en seguida tomé el hilo del tema del estudio: comparativa de la sexualización en la publicidad en España, Italia y Reino Unido. Recuerdo que en mi época de estudiante, mi profesora de traducción audiovisual (Francesa Bartrina) nos daba la lata a la hora de traducir para que tuviésemos en cuenta esos factores, para que comparásemos anuncios en los que la mujer era el centro de atención y, casi siempre, se utilizaba su sensualidad para vender con aquellos que se habían creado de una forma más «neutra» y, sobre todo, que intentásemos evitar sexualizar (sin querer) las traducciones que hacíamos. Fue algo que se me quedó grabado y que siempre pongo en práctica cuando traduzco. Acabaron su presentación y como los temas que se iban a tratar después no me interesaban, salí de la sala para dirigirme a otra presentación. Se me había hecho ya tarde, y estaban acabando en casi todas las salas, así que, me metí en la sala principal (donde la conexión a internet es la mejor) porque allí hablarían de audiodescripción y aproveché a hacer algo de trabajo mientras escuchaba los temas.
El tiempo pasó volando y llegó el final del día y, con él, otra vez el «vino de honor» (zumo honorable para mí). Y allí estaba yo hablando con unos y con otros, conociendo a más gente, decidiendo a ver a qué sitio nos iríamos de cena, cuando llegó Jennifer y me dijo que la acompañase a una cena de «Asociaciones europeas de traducción audiovisual», en representación de localización de videojuegos. J Ah, pues vale. Había quedado ya con Pao que la avisaría para irnos a cenar, así que, fui a buscarla y la arrastré también a la cena. Estuvimos esperando un rato en la puerta del restaurante tailandés en el que nos habían citado porque estaba lleno. Mientras, Jennifer, Pao y yo estuvimos hablando sobre varios temas, desde la falta de artículos sobre traducción audiovisual en Argentina a las diferentes palabras/términos que usamos los españoles y que hacen que los argentinos no puedan evitar sonreír. Al rato, Pao marchó. Esperamos un poco más y, por fin, pudimos cenar. Durante la cena, hablamos sobre las dificultades en las que se encuentra el sector audiovisual con las tarifas excesivamente bajas que se pagan. No, los españoles no somos los únicos sufridores.
Y, entre charla y bocado de comida, llegó la hora de volverse a casa. Otro día intenso había pasado y yo estaba derrengada. A pesar del cansancio, no quería que la conferencia acabase nunca. Me gustaba eso de pasarme el día entero hablando sobre algo que me apasiona, con gente con la misma pasión que yo. Aún faltaba un día, y quería aprovecharlo al máximo.

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