domingo, 7 de agosto de 2011

Media4All, los «Óscar» de la traducción audiovisual (parte II)

Perdón por haber estado tanto tiempo sin actualizar, pero tenía mucho trabajo y la conexión a internet muy limitada, ya que acabo de mudarme de piso y aún no han venido a instalármela.
Como ya expliqué en mi anterior entrada, la última semana de junio acudí al congreso Media4All, donde las celebrities del mundo de la traducción audiovisual se reúnen para compartir lo último sobre investigaciones llevadas a cabo en los últimos años, además de algunas opiniones conflictivas.

Llegamos al segundo día, el día en el que me tocaba presentar. Los nervios seguían a flor de piel. Es más, estaba tan nerviosa, que se me olvidó mirar el horario del segundo día y aparecí allí a las nueve menos cuarto de la mañana... Fue entonces cuando me di cuenta de que la jornada no empezaba hasta las nueve y media. ¡Chachi piruli! Con el sueño que tenía... Peeero, como me tocaba presentar a las 11 de la mañana, decidí aprovechar esos 45 minutillos para repasar mi presentación. ¡Ay, madre, qué nervios!
Pero antes de que me llegase el momento de gloria, había una sesión y, de nuevo, tocaba decidirse por una de las 5 salas que ofrecían ponencias. Eché un vistazo y me decidí por el Fansubbbing, algo que parece que no muchos se atreven a hablar, pero que creo que merece que la nombren como disciplina dentro del mundo de la traducción audiovisual. Así que, para allá me fui. La primera presentación fue a cargo de los representantes de Sub-ti (uno de los ponentes, Federico Spoletti, fue el mismo que había presentado el día anterior el estudio sobre la audiencia de los festivales de cine en Italia) que había organizado un concurso de traducción para fansubbers, y nos ofrecieron los datos de los resultados tanto de participación como del resultado final. Fue curioso ver cómo el ganador no tenía ningún título específico en nada relacionado con la traducción audiovisual (era filólogo, si no recuerdo mal).
Otra prueba de que hay por ahí mucha gente que tiene dotes excelentes como traductores sin que hayan estudiado la carrera de Traducción (ojo, no quiero decir que ahora deberíamos ser todos traductores sin carrera. No. Quiero decir que, al igual que hay médicos que son excelentes escritores, también puede haber no-traductores que son excelentes traductores, al igual que hay traductores con carrera que son una patata traduciendo). Después de que acabasen (se alargó más de la cuenta, ya que Elena Di Giovanni tenía muchas ganas de contárnoslo todo y no había forma de que resumiese y acabase su parte), llegó el turno de Francisca García Luque, que nos habló de la accesibilidad en el fansubbing. Otra presentación muy interesante, con vídeos comparativos. La última presentación trataba de la traducción de las series musicales, con el ejemplo de Glee y, sinceramente, fue un peñazo. La ponente se dedicó a leer, sin gracia ni soltura, todo el texto que había preparado, así que agradecí que mi cuerpo me pidiese acudir al baño. Cuando volví, casi había acabado y me informaron que no me había perdido nada. J
Tras una interesante ronda de preguntas, llegó la hora del descanso (té, café y galletas), en el cual apenas pude descansar por los nervios, así que, decidí irme a la sala a prepararme. Damas y caballeros, había llegado mi momento de gloria. Por el camino me encontré a Miguel Bernal, que me tranquilizó (un poco) con palabras de ánimos y de que, total, es como estar con amigos contándole una historia (ya, claro, igualito). Poco después llegó
Xiaochun ZHAN, una chica china de la Universidad de Viena que hablaría del orientalismo en los videojuegos. Estuvimos hablando un rato, mientras iba llegando la gente, incluida Carme Mangiron, que también presentaría una introducción al proyecto en el que estaba trabajando.
Yo era la primera, así que, me dispuse a saludar, y empecé a hablar. Según iba hablando, me sentí más cómoda y todas las palabras que llevaba tres días intentando memorizar, pero que parecían perdidas por los océanos oscuros de mi cerebro, parecieron encontrar cierta coherencia (creo) para salir de forma ordenada de mi boca. Tuve que contener algunas otras que querían salir y no debían. No debían porque sabía que, si lo hacían, me pasaría del tiempo adjudicado. El tiempo llegaba a su fin. Pude ver cómo Miguel (el presidente de la mesa) me mostraba el cartelito de «faltan 5 minutos» y pensé «¡qué bien! ¡Solo me faltan un par de diapositivas!» (nota: en Mallorca, la expresión «un par» significa «unas pocas»). Seguí hablando y diría que no me enseñó el cartelito de «te falta un minuto» ni el de «Time’s up! L» (o, al menos, no los vi), pero acabé, y me sentí aliviada y, sobre todo, satisfecha.

Después de mi presentación, estaba ya más tranquila para escuchar a Carme Mangiron explicarnos el nuevo proyecto en el que está involucrada con la UAB, en el que analizarán los subtítulos en los videojuegos y la atención que el jugador presta a esos subtítulos, en qué parte de la pantalla fija su atención, etc., gracias a un programa de esos que leen el movimiento de los ojos. Un proyecto interesantísimo, vamos. Justo después, Xiaochun empezó su presentación. Nos habló de los cambios que hacen las empresas de videojuegos chinas al contenido de los videojuegos, como la caracterización de los personajes (heroínas chinas con vestidos «típicos» y rasgos semiorientales, como en los dibujos animados chinos), la restricción de menciones a lugares reales en China, la creación de ambientes «tópicos», etc., para hacerlos más atractivos al público occidental. Al mismo tiempo, todos los videojuegos que se venden en China pasan por una censura de cambios y eliminación de todo el contenido que al gobierno les parezca insultante o moralmente incorrecto.
Por ejemplo, nos contó como muchos videojuegos no llegaban a distribuirse por ser excesivamente agresivos o, simplemente, por haber en ellos matanzas a ciudadanos chinos, menciones a lugares emblemáticos (como la plaza de Tiananmén, que cambió de nombre en un juego para poder distribuirse en China) o, incluso, porque los «malos» eran chinos. Fue una presentación interesantísima que, como comentó también Carmen durante la ronda de preguntas, es muy paralela al japonismo y occidentalismo de los juegos japoneses y, por extensión, a la comida china y japonesa que se vende en muchos restaurantes de occidente, que nada tienen que ver con lo que se come al otro lado de Asia.
Tras la ronda de preguntas, llegó la hora de comer. María Solà, que había estado escuchando mi presentación, se me acercó después de la ronda de preguntas para preguntarme información de cómo entrar en este mundillo... Ay, qué ilusión sentirme útil. Con ella fui al «comedor» y tal fue mi sorpresa al ver las mesas con comida, que si no hubiese sido una chica bien educada, me habría abalanzado sobre ellas. Esta vez sí que se lo curraron y la comida no solo tenía una pintaza increíble, sino que, además, estaba buena y había mucha. Cada vez que se acababa una bandeja, ponían otra. ¡Qué bien comí! Fue entonces cuando conocí a Paola, una chica argentina que estaba interesada en traducción audiovisual, pero se quejaba de que en Argentina nadie escribía sobre ello y, aún peor, ni siquiera había estudios superiores en traducción audiovisual. Estuve hablando con ella un buen rato, y babeando con su hablar argentino... Ay, ¡cómo me gusta! Entre charla y charla, se acabó la hora de la comida y volvía la de las decisiones. Una ojeada rápida a la lista y pensé que, en la sala principal, me lo iba a pasar bien, ya que parecía que se hablaría de la situación de la situación del traductor audiovisual... Y seguro que eso traería pelea.
Para allí me dirigí, mucho más tranquila y preparada para seguir tuiteando el congreso. Empezó Susanne Verberk, quien explicó las dificultades en las que se encuentra como traductora audiovisual y cómo ha tenido que cambiar su estrategia para conseguir más trabajo. También nos comentó la situación de la subtitulación en Bélgica. Y, por supuesto, también quejas sobre la baja calidad de algunos de los subtítulos. Susanne dio paso a Anna Jankowska y Anna Celińska, que habían venido a explicarnos los resultados de un estudio que habían realizado sobre las condiciones de trabajo del traductor audiovisual, y de cómo las tarifas son, cada vez, más bajas, piden más volumen en menos tiempo, etc. Su preocupación llegó hasta tal punto, que decidieron crear la Asociación polaca de traductores audiovisuales para intentar proteger, de alguna forma, los derechos de los traductores audiovisuales en Polonia.
El ambiente se empezaba a caldear: se oían cuchicheos por la sala, gente asintiendo y alguna que otra queja al escuchar que en Polonia las cosas no eran mucho más distintas que por aquí. Fue entonces cuando el danés Claus Stenhøj salió al estrado y empezó a explicarnos cómo empezó en esto hace ya muchos años, cuando ser traductor audiovisual era no solo algo prestigioso, sino que, además, estaba muy bien pagado. Sin embargo, poco a poco, fue viendo cómo grandes empresas iban bajando y bajando las tarifas que pagaban a sus traductores, y cómo, cada vez, la calidad de los subtítulos daneses era peor.

El momento clave llegó cuando mostró una lista de oficios con sus sueldos medios en Dinamarca, y el puesto del subtitulador estaba, ¡tachán!, en el último puesto, por debajo del «sueldo» (o, mejor dicho, de lo que gana) un parado. Sí, en Dinamarca (y me arriesgaría a decir que también en muchos otros países), el dinero que un subtitulador gana en 8 horas de trabajo, 5 días a la semana es menor que lo que se ganaría simplemente cobrando el paro.

Acabó su presentación con un decálogo del subtitulador, y dejó el horno preparado para una buena discusión en la ronda de preguntas, durante la que se dejó claro que había muchos traductores/subtituladotes enfadados por las bajas tarifas que se manejan, y bastantes representantes de agencias y grandes empresas que parecen no entender que, de esta forma, no se consigue calidad y que de ellos depende convencer al cliente de que vale la pena gastar un poco más y conseguir buena calidad.
Con este ambiente caldeado, llegó la hora del té. Un descansito para reponer fuerzas, comentar las diferentes ponencias a las que habíamos ido y volver a decidir a qué presentación acudiríamos. Yo quería ver la de las profesoras de mi universidad, ya que sabía que sería muy interesante, así que, allí me dirigí. Por desgracia, habían cambiado la sala, y no tenía ni idea de dónde estaba. Por suerte, encontré a Jorge Díaz-Cintas (el organizador del cotarro y una gran persona), quien me dejó en manos de uno de los voluntarios para que me llevase hasta la sala. Llegué y ya había empezado, pero en seguida tomé el hilo del tema del estudio: comparativa de la sexualización en la publicidad en España, Italia y Reino Unido. Recuerdo que en mi época de estudiante, mi profesora de traducción audiovisual (Francesa Bartrina) nos daba la lata a la hora de traducir para que tuviésemos en cuenta esos factores, para que comparásemos anuncios en los que la mujer era el centro de atención y, casi siempre, se utilizaba su sensualidad para vender con aquellos que se habían creado de una forma más «neutra» y, sobre todo, que intentásemos evitar sexualizar (sin querer) las traducciones que hacíamos. Fue algo que se me quedó grabado y que siempre pongo en práctica cuando traduzco. Acabaron su presentación y como los temas que se iban a tratar después no me interesaban, salí de la sala para dirigirme a otra presentación. Se me había hecho ya tarde, y estaban acabando en casi todas las salas, así que, me metí en la sala principal (donde la conexión a internet es la mejor) porque allí hablarían de audiodescripción y aproveché a hacer algo de trabajo mientras escuchaba los temas.
El tiempo pasó volando y llegó el final del día y, con él, otra vez el «vino de honor» (zumo honorable para mí). Y allí estaba yo hablando con unos y con otros, conociendo a más gente, decidiendo a ver a qué sitio nos iríamos de cena, cuando llegó Jennifer y me dijo que la acompañase a una cena de «Asociaciones europeas de traducción audiovisual», en representación de localización de videojuegos. J Ah, pues vale. Había quedado ya con Pao que la avisaría para irnos a cenar, así que, fui a buscarla y la arrastré también a la cena. Estuvimos esperando un rato en la puerta del restaurante tailandés en el que nos habían citado porque estaba lleno. Mientras, Jennifer, Pao y yo estuvimos hablando sobre varios temas, desde la falta de artículos sobre traducción audiovisual en Argentina a las diferentes palabras/términos que usamos los españoles y que hacen que los argentinos no puedan evitar sonreír. Al rato, Pao marchó. Esperamos un poco más y, por fin, pudimos cenar. Durante la cena, hablamos sobre las dificultades en las que se encuentra el sector audiovisual con las tarifas excesivamente bajas que se pagan. No, los españoles no somos los únicos sufridores.
Y, entre charla y bocado de comida, llegó la hora de volverse a casa. Otro día intenso había pasado y yo estaba derrengada. A pesar del cansancio, no quería que la conferencia acabase nunca. Me gustaba eso de pasarme el día entero hablando sobre algo que me apasiona, con gente con la misma pasión que yo. Aún faltaba un día, y quería aprovecharlo al máximo.

domingo, 10 de julio de 2011

Media4All, los «Óscar» de la traducción audiovisual (parte I)

Una semana después de que el gran acontecimiento de la traducción audiovisual se celebrase, consigo encontrar un ratito para explicaros la experiencia. Como muchos sabréis, presenté una ponencia sobre localización de videojuegos y calidad (una versión nueva de la que presenté en Barcelona en diciembre y que ya os empecé a explicar hace unos meses), así que, para mí, fue aún más especial.
La aventura comenzó el martes 28. Para algunos, por la mañana, en los talleres que se habían organizado para los asistentes. Para otros, por la tarde, ya que la Embajada de España en Londres había invitado a los colaboradores y algunos ponentes a una presentación en la propia embajada. Acudí con Jennifer Vela, a quien tenía unas ganas enormes de ver. Tras una charla de Jorge Díaz-Cintas, de Fréderic Chaume y del propio embajador de España en Londres, nos dejaron socializarnos un poco antes de ir al Imperial College London para la presentación oficial del congreso.
Fue en ese ratito cuando Jennifer me presentó a algunas celebridades del mundo de la traducción (madre mía, ¡la de gente que conoce esta chica!), entre ellos Miguel Ángel Bernal, uno de los que más ha investigado en localización de videojuegos. También vi caras conocidas, como a Pilar Orero (cuánto amo a esta mujer) o Diana Sánchez, que fue mi profesora de Traducción inversa en la universidad.
Después, nos pusimos en camino hacia el Imperial College London, donde nos esperaban bebidas y algo de comida en nuestra primera noche de networking y socialización del Media4All. Las pocas horas que Jennifer y yo estuvimos allí (contando la hora que tardamos en despedirnos de la gente ^_^) fueron muy interesantes. Conseguí algunos contactos, además de conocer a gente interesante (y a algún que otro rarito). También coincidí con otra profesora de mi universidad, Eva Espasa, a quien tenía ganas de volver a ver y con quien espero poder colaborar en un futuro próximo (la segunda parte de esto la contaré muy pronto).
Al día siguiente, miércoles, Julia Buckingham inauguró el Congreso y dio paso a una mesa redonda sobre la evaluación de la Traducción audiovisual. Fue interesante ver lo bonito que se ve todo desde el lado de las grandes multinacionales y el poco tiempo que tardaron en crispar los ánimos de muchos de los traductores audiovisuales que estábamos en la sala. Sí, el Media4All empezó calentito, lo que hacía que me muriese de ganas de saber cómo acabaría.
Tras esta presentación, llegó la hora del descanso, con café, té y galletas incluidos, sobre los que los asistentes (más de 500, según dijeron) se abalanzaron. El descanso pasó volando, entre saludar a algunos conocidos y conocer a otros nuevos. Fue entonces cuando llegó el momento de separarse, ya que empezaban las presentaciones paralelas: un total de 5 salas diferentes ofreciendo charlas de diversa índole al mismo tiempo. Decisions, decisions, decisions. ¡Había demasiados temas interesantes! Sin embargo, como aún no han inventado la clonación humana ni el teletransporte, teníamos que decidir a cuál de todas las presentaciones acudir.
Por ser el principio y por llevar varias horas pensando y mirando el horario, yo lo tenía claro: me tocaba Audiodescripción. Jennifer Vela hacía su presentación y Pilar Orero era la presidenta de la mesa. ¡No me lo podía perder!
Llegó la hora de la anécdota del día y, seguramente, del congreso. A mitad de la primera ponencia, saltó la alarma de incendios y tuvimos que evacuar el edificio. Corría la voz de que se estaba grabando la última peli de Batman en el mismo edificio (no, no vi a Christian Bale, a pesar de que lo estuve buscando), así que, culpamos al equipo de grabación, que seguro que hicieron explotar algo para la peli y se les olvidó avisar al encargado de seguridad. Media hora más tarde (más o menos, ¿no?), nos dejaron entrar y retomamos las ponencias.

La ponencia de Jennifer fue muy interesante: hizo una comparativa de cómo funciona la Audiodescripción en diferentes países europeos y en EE. UU., y las diferencias legales entre esos países. Además, también fue la prueba de que, hoy en día, la investigación es algo a lo que hay que estar constantemente echándole un ojo; nos descuidamos un poco y la información que tenemos ya está obsoleta. Dos oyentes pudieron confirmarle a Jennifer que se habían creado leyes nuevas sobre Audiodescripción y Accesibilidad en países como Polonia, donde parecía que se prestaba poca atención a ello. Una gran noticia para el mundo de la accesibilidad, la verdad.

Llegó la hora de la comida, un momento algo estresante porque el servicio de comidas contratado pareció no darse cuenta de que éramos algunos centenares de personas hambrientos y con necesidad de ser alimentados. Los camareros apenas tenían tiempo de salir de la cocina y ya se habían quedado sin cuencos de comida. Yo no había conseguido ni olerla, así que, tuve que ponerme a la salida de la cocina, cual hiena esperando a que la familia de leones se llene la panza. Allí me encontré a Pablo, que con lo alto que es, normal que no le bastase con una de las raciones minúsculas que nos daban. También me encontré con un seguidor del blog, David (¡qué emoción! ¡Un fan!), que vio mi cara de hambrienta y me consiguió un cuenco de comida, que yo tenía el desayuno y las galletas del descanso de la mañana ya a la altura del dedo gordo del pie.
Acabó la hora de la comida y empezó la penúltima sesión de la tarde. Esta vez me tocaba irme a escuchar sobre la traducibilidad de los personajes y el efecto cultural sobre las audiencias. Fueron tres ponencias interesantísimas.

Por un lado, nos dieron datos (muchos) sobre las audiencias en los festivales de cine de Italia. Después, Carlos de Pablos nos explicó parte de su estudio sobre la percepción de los personajes de las películas de Pedro Almodóvar por parte de audiencias que han tenido contacto con la cultura española y audiencias que no han tenido contacto (y, además, un tercer grupo que correspondía a la audiencia española), y los resultados fueron impresionantes. A mí me sirvió para darme cuenta de lo espantados que deben estar los ingleses con mi forma de ser. J La última presentación era de un antiguo compañero de universidad, que explicaba cómo se habían «traducido» los personajes de los libros de El Señor de los Anillos a las películas. Ya había presentado algo similar en Barcelona, pero con videojuegos, y fue igual de interesante que la primera vez.

Otra pausa para el cafetillo/teíllo de la tarde y empezó la última sesión del día. Aquí mi corazón estaba dividido, ya que me interesaban ponencias que se daban en dos salas distintas, así que, decidí ir con Jennifer a la primera sala, en la que hablaban sobre audiodescripción en museos, la cual fue muy interesante, sobre todo una en la que explicaban que en el Museo de Ottawa tenían una aplicación para iPhone y iPad que tenía audiodescipción incluida, además de una larga explicación sobre cada una de las obras. Era como una audioguía accesible. Para el resto, me perdí un poco, porque parecía que nos estaba haciendo publicidad de lo maravilloso que era su museo y, bueno, no habíamos ido allí para eso, ¿no?

Después, pasamos a la sala principal, para escuchar qué nos contaban sobre los subtítulos en 3D (un tema muy nuevo pero que creo que dará mucho de qué hablar). Gracias a que en la primera sala empezaron antes de tiempo, nos dio tiempo de llegar a la otra sala para escuchar la última presentación (que más que presentación, fue lectura en alto del texto), y un poco de la presentación de antes.

Y llegó la hora del «Vino de honor», del que yo me abstuve, porque tenía que trabajar, pero que parece que alegró la noche a muchos. Después, nos reunimos unos cuantos españoles para ir a cenar. La idea inicial era ir a una pizzería, pero como no la encontrábamos, acabamos yendo a un pub inglés. Y, como todo pub inglés, a las 11 (de la noche) nos echaron, así que, aproveché para irme a casa, que me tocaba la presentación al día siguiente.
Continuará…

martes, 14 de junio de 2011

And the winner is...



En otra entrada anuncié que me habían nominado para participar en un concurso en busca de los mejores amantes de idiomas: Top 100 Language Lovers 2011. En concreto, me habían nominado entre las 100 mejores tuiteras de idiomas (@Currixan) y el perfil de Facebook de esta bitácora, Localización y testeo con Curri, entre las 100 mejores páginas de Facebook sobre idiomas. Pues bien, la semana pasada anunciaron ya los ganadores y la clasificación. Y no ha ido nada mal para ser la primera vez y para que, tanto esta bitácora como mi perfil de Twitter, tengan tan solo unos seis meses de vida.
Y así quedaron las clasificaciones:
Twitter: quedé la número 16 de 100 → Podéis ver los primeros 25 aquí. Si tenéis Twitter, os aconsejo que sigáis a los que están en la lista (además de mi perfil, claro) porque algunos ofrecen información muy buena. Había algunos a los que ya seguía (como Pablo, al que seguro que conocéis, o Catherine, o Silvina), y otros a los que he empezado a seguir tras este concurso, y que han publicado cosas muy interesantes.


Página de Facebook (Localización y testeo con Curri): quedé la número 16 de 100 → No, no me he equivocado. Los 16 años fueron una edad muy especial, así que imagino que es uno de mis números de la suerte. Podéis ver los resultados con todas las otras páginas de Facebook aquí. Vale la pena mirarlo, ya que otros conocidos y lectores de esta bitácora también consiguieron buenos puestos, como Ismael, Pablo o Leticia, a quien sigo en Twitter y que espero que también me siga.


También vale la pena mencionar las otras dos categorías en las que no participé:
Bitácoras profesionales, donde podréis encontrar a gente como Clara, por su bitácora «Bootheando», Pablo, por «Algo más que traducir», Judy and Dagmar, por su excelente bitácora blingüe «Translation Times», el archiconocido José Yuste Frías, por su bitácora homónima, o la bitácora de Corinne McKay llamada «Thoughts on Translation».
Bitácoras sobre aprendizaje de idiomas, donde ganó la bitácora «Fluent in 3 months» por los buenos consejos que ofrece, y donde podéis encontrar bitácoras con consejos para aprender idiomas de lo más variopinto, así que, también os aconsejo que le echéis un vistazo.

Por último, porque la cosa no acaba aquí: de todos los que participaron en todas las categorías (es decir, 400 en total), hicieron una clasificación de los 100 amantes de las lenguas, y quedé la número 44 con mi perfil de Twitter, que creo que es una posición buenísima.
Y todo gracias a vosotros, que me habéis animado a escribir y, sobre todo, que me habéis votado. Gracias, de todo corazón.
Curri

martes, 24 de mayo de 2011

El que la sigue, la consigue

Uno de los consejos que los traductores veteranos siempre suelen/solemos dar a los que empiezan es no perder nunca la esperanza. Ser un recién licenciado y dedicar días a preparar el currículo (en dos o tres idiomas), las cartas de presentación (en otros tantos idiomas), buscar agencias por internet, enviarles todo eso bello trabajo que hemos preparado con tanto ahínco para, después, no recibir respuesta alguna, recibir una respuesta automatizada o, mucho peor, que nos digan que no tenemos experiencia suficiente, puede ser muy desesperanzador.

Cuando ya vas adquiriendo experiencia, la cosa no cambia. Hay que insistir con los clientes que han aceptado nuestro currículo y lo han añadido a la base de datos. Y no, no es molestar, si no lo haces cada día. Pero creo que es importante que, al menos, una vez al año, enviemos un correo a la persona con la que contactamos o, en su defecto, a la dirección de contacto («info» o allí donde se especifique en el sitio web que quieren que envíen los currículos), con un pequeño recordatorio de quiénes somos, cuándo enviamos nuestro currículo por primera vez y, ya que estamos, enviar una versión actualizada del mismo. Esto servirá no solo para darles un toque (que nunca viene mal), sino también para que siempre tengan el currículo actualizado porque, tal vez, un día realices una traducción sobre física cuántica y, poco después de enviarles el currículo actualizado, un cliente les envíe un artículo sobre física cuántica y, bueno, como no pueden encontrar a nadie, te llamen para ver si te interesa el proyecto.

También es bueno hacer esto con las agencias con las que hemos trabajado alguna vez, para que sepan que estáis disponibles. A lo mejor la palabra «insistencia» suena un poco fuerte, pero era para que me entendieseis. Si queréis, llamémoslo, «recordatorios amables y simpáticos». Casi diría que, con las agencias con las que colaboráis de vez en cuando, es aún más importante mantener este contacto «recordatorio amable y simpático», bien sea anunciándoles que os vais de vacaciones una semana, que habéis vuelto después de recargar las pilas en la Costa Brava, felicitándoles las fiestas de Navidad o, incluso, si sabéis cuándo es el cumpleaños de uno de los gestores de proyectos, felicitándoles el cumpleaños. Todo vale con tal de reforzar la relación con ese cliente.

Sin embargo, os voy a contar un caso más en el que debemos usar la insistencia. Todo sea por nuestro bien.

Había una vez una localizadora de videojuegos que llevaba año y medio colaborando con una agencia belga que le proporcionaba proyectos maravillosos en los que trabajar, además de muchas anécdotas y mogollón de experiencia sobre otros proyectos con muchos problemas que, al final, salen bien. Todo eso que ha pasado de un proyecto a otro y con lo que ha aprendido a asegurarse de que lo tiene todo antes de empezar y a saber afrontar nuevos desafíos. Por ello, estaba muy contenta de poder trabajar con ellos.

Sin embargo, a principios de este año, dejó de saber de ellos. Dejó pasar un mes, por eso de que era principos de año, pero le pareció extraño que no acudiesen a ella, ni siquiera para una de esas minitraducciones que le ofrecían casi diariamente. A mediados de febrero, decidió enviarles un correo, preguntando qué tal les iba todo y comentándoles que tenía disponibilidad para ayudarles si la necesitaban. Tenía el acuse de recibo y de lectura activados, así que recibió ambos correos de confirmación, pero ninguna respuesta. Volvió a intentarlo mes y medio después, y pasó lo mismo. Pero nuestra localizadora no tiró la toalla. Habló con una amiga, compañera de profesión y de chismorreos, y le dijo que siguiese insistiendo. También habló con un amigo, que llevaba muchos más años que ella en el mundo de la traducción, y le dijo que llamase por teléfono, que, en estos casos, es lo mejor, porque así no pueden ignorarte. Llamó pero tenían centralita, así que tuvo que dejar un mensaje. Ipso facto les envió un correo «recordatorio amable y simpático», y esta vez sí que recibió respuesta. Aunque, en absoluto, era la que se esperaba.

Resulta que, unos meses antes, habían llevado a cabo un proyecto con un gran cliente. Desgraciadamente, las traducciones eran de pésima calidad y el cliente se quejó. El gestor de proyectos al que le tocó el marrón, sin explicar nada, pidió a nuestra localizadora que si podía cambiar en el archivo que le enviaba la lista de peticiones del cliente (es decir, una lista de errores que los testers de este cliente habían encontrado). La localizadora, siempre dispuesta a ayudar, lo hizo, pero vio que el resto del texto estaba completamente hecho trizas. Le preguntó al gestor si ese texto había pasado por un corrector, y le contestó que sí, pero que no sabía por qué el traductor no había hecho su trabajo ni el corrector, el suyo. Nuestra localizadora le indicó que había muchísimas cosas más por cambiar, que estaban mal traducidas o eran incorrectas, así que el gestor le pidió que, si no le importaba, le podía hacer el favor de corregirlo todo porque el cliente estaba muy cabreado y se jugaba su puesto. Con la creencia de que siempre va bien hacer pequeños favores, porque, algún día, le devolverían el favor, nuestra localizadora dijo que sí (total, ver todo eso así de mal escrito le daba mareos).

Por desgracia, el gestor perdió el empleo porque la empresa perdió ese cliente. Sin embargo, también decidieron dejar de colaborar con todos los traductores y correctores que habían participado en ese proyecto, incluida nuestra localizadora. Cuando ella se enteró (porque, no, nadie le había dicho nada cuando la empresa tomó esa decisión), no pudo quedarse de brazos cruzados. Estaba segurísima de que ella nunca habría hecho un trabajo tan malo como para que la agencia (como para que ninguna agencia, en general) perdiese un cliente. Es más, unos meses antes, otra gestora la había elogiado diciendo que era su «experta en Nintendo» y había hecho incluso un trabajito particular para esa agencia. Corriendo, miró la carpeta de ese proyecto (sí, nuestra localizadora guarda absolutamente todos los proyectos en los que ha trabajado) y revisó los archivos. Y sí, solo tenía los archivos de la corrección de los fallos resaltados por el cliente, así que, la culpa de que la mala calidad inicial de la traducción condujese a la pérdida del cliente, no era de nuestra localizadora.

Nuestra amiga escribió un correo detallando la historia y por qué creía que la decisión de dejar de contar con ella no había sido justa. Explicó que siempre había estado disponible para cualquier cosa que le habían pedido y que, por favor, la volviesen a considerar como colaboradora. Esperó unos días (había recibido ambas confirmaciones) y, al ver que no contestaban, envió un «recordatorio amable y simpático» al lunes siguiente. Le dijeron que habían estado muy ocupados pero que pasarían el correo al «jefe» para que él estudiase el caso y decidiese si le daban otra oportunidad o no.

Una semana más tarde, seguía sin noticias, así que les volvió a «recordar de forma amable y simpática» su interés por seguir colaborando con ellos y, además, les pidió que le diesen el nombre del jefe para, así, poder hablar directamente con él (y dejaba de molestar las pobres gestoras). Le respondieron, añadiendo al jefe en el mismo correo y, digámoslo así, pasándole la patata caliente. Varios días más tarde (estaba de vacaciones) nuestra localizadora recibió respuesta. El «jefe» dijo que, como el gestor con el que había trabajado no estaba, no podía contrastar la información con él, pero que había visto que había trabajado varias veces después del proyecto del «incidente», así que volvería a dar la oportunidad a nuestra localizadora y que esperaba no arrepentirse de la decisión. Nuestra localizadora, ferviente de emoción, contestó que no se arrepentiría y le agradeció el tiempo que se había tomado en buscar la información y estudiar sus argumentos.

Como veis, en este caso la insistencia ha servido de algo. Nuestra amiga sabía que no había tenido nada que ver con que la agencia hubiera perdido ese cliente tan importante, y luchó por recuperar la confianza de esta agencia y conseguir colaborar con ellos de nuevo. No se dio por rendida, ya no por cuestiones monetarias (es una agencia con la que trabajaba bastante y suponía gran parte de sus ingresos mensuales), sino por asegurar que su reputación seguía intacta, por demostrar que seguía siendo tan buena traductora como el día en que le dieron su primera oportunidad.

Con este cuento, os animo a que no os rindáis, a que solo tiréis la toalla si teneís otra limpia, nuevita y que huela a Mimosín. Ya seáis recién licenciados o llevéis tiempo en esto, luchad por lo que creéis justo, por que os den trabajo bien pagado y, por supuesto, por recuperar clientes «perdidos».

Porque ya sabéis, el que la sigue, la consigue.

martes, 17 de mayo de 2011

Dos por el precio de uno: votaciones

Se ha abierto ya el plazo para votar por los mejores amantes de los idiomas 2011 (Best Language Lovers 2011), concurso que organizan Bab.la y LexioPhiles.

Hace unas semanas me anunciaron que alguien había nominado mi página de Facebook sobre este blog en la categoría de «Página de Facebook sobre lengua 2011» (Language Facebook Page 2011). Viendo que estaba entre las 100 mejores páginas, me decido a anunciarlo en bombo y platillo. Tal fue mi sorpresa cuando me anuncian que, además, también habían nominado mi cuenta de Twitter en la categoría de «Tuiteador preferido sobre la lengua 2011» (Favourite Language Twitterer 2011). Podréis imaginaros que estoy que no quepo de gozo, así que, me gustaría que, si creéis que tanto mi página como mi cuenta de Twitter merecen ganar (en ambas publico noticias relacionadas con la traducción, los idiomas, los videojuegos, la Localización y, además, cualquier consejo sobre escritura correcta en castellano y catalán), me votéis J

Hacerlo es tan fácil como:

1. Ir a la página donde se encuentran los nominados:

- Mejor página de Facebook sobre lengua: http://www.lexiophiles.com/language-lovers-toplist/time-to-vote-for-your-favorite-language-facebook-page-2011

- Tuiteador Favorito: http://www.lexiophiles.com/language-lovers-toplist/time-to-vote-for-your-favorite-language-twitterer-2011

2. Buscar la página o el perfil de Twitter que queráis votar: «Localización y testeo con Curri» y «@Currixan (Curri Barceló)».

3. Bajar hasta el final de la lista y hacer clic en «Vote» (de «Vote usté», claro ;)).


¿Qué conseguís a cambio?

Hacerme muy feliz y animarme a seguir escribiendo, a seguir publicando noticias, hablando sobre idiomas, sobre videojuegos, etc.

Por supuesto, si hay alguna otra página de Facebook o perfil de Twitter que creáis que se merece más vuestro voto, no pasa nada si les votáis. Yo no obligo a nadie, faltaría más J Hay muchísimas páginas muy buenas y muchos perfiles de Twitter que también son merecedores del premio.

También os aconsejo que visitéis las otras categorías:

- Blogs de traducción profesionales: http://www.lexiophiles.com/language-lovers-toplist/time-to-vote-for-your-favorite-language-professional-blog-2011

Donde aparecen nominados estupendos compañeros de profesión como Pablo, Clara, José, Álex/Mox, Corinne y Sebastián,

- Blogs de aprendizaje de idiomas: http://www.lexiophiles.com/language-lovers-toplist/time-to-vote-for-your-favorite-language-learning-blog-2011


En fin, ¡que gane el mejor!

miércoles, 27 de abril de 2011

Un fin de semana «traductoril» en Valencia (Parte II)

Aunque con un poco de retraso, estamos ya preparadas para presentaros la segunda parte de nuestra crónica. Sí, de nuevo una conversación, así que, ¡concentraos! ;)

Como Pablo ya explicó en su blog, tras el curso, llegó el momento de socializarnos, porque los traductores e intérpretes también se socializan de vez en cuando J

Así que, nos dirigimos en tropel al restaurante que nos habían dicho, hicimos cola, entramos y empezó la fiesta, las fotos, las bebidas (Jack Daniels y la Tía María acabaron enrollados unas cuentas veces, y también conocimos a G-Vine, gracias a Pablo), las charlas de fricadas traductoriles… Sí, señor, una noche inolvidable, de las que querrías repetir cada semana y que, sin querer, acabó demasiado tarde. Pero fue genial conocer a tanta gente nueva. ¡Queremos repetir!

Desde luego, Curri, para mí fue muy especial conocer que «existían» otros compañeros de profesión apasionados por los mismos temas que yo. Fue una experiencia que verdaderamente valió la pena, en la que creo que todos aprendimos algunas curiosidades interesantes por parte de unos y otros, fuera cual fuera el tema de conversación. Y como estábamos tan a gusto, claro, se nos hizo corto… perdimos el sentido temporal, y alguno que otro incluso el espacio-temporal, después de unos cuantos gin-tonics y brindis con champán J.

Por cierto... Pablo se ha acordado de que, con las últimas copas, dejamos una remanente (26 €) para desayunar al día siguiente. Yo, Curri, prometí que lo guardaría bajo candado.

Evidentemente, me lo encontré al llegar a Londres, bien envueltito en una servilleta (donde sigue. ¿Véis como era seguro dejármelo a mí?). Así que, hay que hacer la quedada para gastar el dinero J. ¿No es maravilloso?


Al día siguiente, el sábado, Xosé Castro encabezaría una serie de charlas, también organizadas por Asetrad, en la que se hablaría sobre el futuro de la traducción: «Traducción, corrección, interpretación: ¿camino de industrializarse?». Por desgracia, el despertador nos jugaría una mala pasada y no sonaría, con lo cual, nos despertamos un poco tarde y no llegamos a la charla de Xosé… Sin embargo, tanto Pablo como Carolina han hecho un resumen estupendo de los consejos que Xosé dio. Con su permiso, los resumimos también aquí para que los tengáis todos juntos:

- Hay que conocer al dedillo nuestra herramienta de trabajo. Ya lo comentamos en la primera parte, pero lo ampliamos a todas y cada una de las herramientas que necesitamos para trabajar; desde el procesador de textos, pasando por el resto del Office (o OpenOffice o cualquiera que tengáis instalado), las herramientas de internet (muy importante para encontrar referencia e información sobre lo que necesitéis traducir), así como también los diccionarios, los foros (sí, los foros se pueden usar «mal») o la herramienta de traducción asistida que uséis. Al fin y al cabo, son vuestras máquinas de hacer dinero y de ellas depende lo eficiente que seáis.

- El lugar de trabajo es tan importante como el trabajo que haces. Aunque parezca que, a simple vista, es lógico y normal, invertir en un buen espacio de trabajo es primordial: una buena mesa, una silla cómoda, soportes para la pantalla…

Y ya no solo desde el punto de vista de un autónomo, sino también si se trabaja de forma interna para una empresa, la empresa está obligada a proporcionar un espacio cómodo al trabajador, así que, si la silla que te han adjudicado no es cómoda, quéjate para que te la cambien. Asimismo, si eres autónomo y notas que la silla que tienes en casa no es demasiado cómoda, invierte en su salud y cómprate otra buena. Tu cuerpo te lo agradecerá.

- El currículo tiene que estar impecable. En la primera (mega)entrada de este blog ya se habló sobre la importancia del currículum, y parece que se hace repetitivo, pero es verdad.

El currículo es, en muchos casos, la primera imagen que cualquier cliente tiene del traductor. Si está desordenado, tiene faltas, hay puntos que no se entienden, etc., el cliente pensará que es así como haces las traducciones y decidirá que es mejor pedir ayuda a otro traductor. Así que, insistimos, pasadles vuestro currículo a varias personas, que lo lean, lo revisen y os den su opinión.

- Ser curioso, estar siempre dispuesto a aprender cosas nuevas y no sentir vergüenza por ser culto, intelectual, friqui o un enamorado de las letras. Cuánta razón y cuánto hay que luchar hoy en día por que la gente te entienda. Y ya no se trata solo de ir diciéndole a todo el mundo cómo se escribe bien, sino también a estar abierto a las nuevas tecnologías, a querer aprender a usar herramientas nuevas, sistemas nuevos e, incluso, reconocer si nos hemos equivocado en algún momento.

- Aléjate de la gente pesimista y mantén una actitud positiva y optimista. Demasiado tenemos con lo nuestro para tener que aguantar el palo de los demás. De cada situación negativa, hay que aprender de lo malo y quedarnos con lo bueno. Nosotras siempre hemos creído que la vida es como una gran bola de energía y que, cuanto más bueno le des, más bueno te devolverá, así que, intentamos siempre ser positivas, nos contamos nuestras penas y, bueno, nos limpiamos las lágrimas y seguimos p’alante.

- Dale un trato especial a los clientes especiales. Sí, es verdad, que muchos clientes deberían hacer lo mismo con nosotros, pero os remito al punto anterior: si damos algo positivo, recibiremos algo positivo. Y a todos nos va bien pararnos a pensar qué cliente o clientes son los que mejor nos tratan y qué poco nos cuesta enviarles una postal de Navidad, o irles a visitar de vez en cuando. Conocer al cliente en persona, siempre que sea posible, es algo que jugará a nuestro favor, ya que podrán poner una cara a ese correo electrónico y, seguramente, les ayude también a acordarse antes de nosotros que de otro traductor con el que apenas tienen relación o que no conocen en persona.

- Aspira a lo más alto, lucha por lo que crees y conseguirás tus objetivos. Sí, también hay que ser ambicioso. Sin pasarse, pero si no tenemos objetivos, si no luchamos cada día por lo que queremos, perderemos motivación, dejaremos de disfrutar con lo que hacemos y de buscar más allá para intentar mejorar. Al fin y al cabo, si no fuésemos ni un poquito ambiciosos, no se nos habría ocurrido meternos en una carrera de traducción, ¿no? O el médico no habría querido ser médico, o el arqueólogo, arqueólogo… Al fin y al cabo, si aspiras demasiado alto, siempre habrá alguien que te detendrá los pies si es necesario. Así que, no tengas miedo.

- Cuida de ti mismo como lo harías con tu trabajo. La higiene personal es tan importante como la limpieza de tus trabajos. Si cuidas las traducciones con esmero, ¿por qué no hacer lo mismo contigo? Aquí también incluiría hacer ejercicio. Ya sabéis: mens sana in corpore sano.

Otro consejo importante, Curri, que a mí personalmente me llamó la atención fue en relación al aseo personal a la hora de empezar a trabajar. Al trabajar desde casa, uno se hace cómodo, y muchas veces te levantas con la hora justa para leer el correo, no dejas el suficiente tiempo para desayunar, ducharte y arreglarte y comienzas el día ya estresado y, por qué no, a veces incluso malhumorado y sin mucha energía.

Yo nunca me lo había planteado, pero el humor realmente te cambia al quitarte el pijama y pegarte una duchita, ¡te activas automáticamente! Así que, aunque yo siempre he sido partidaria de trabajar con mi pijamita (limpia, eso sí J) he de reconocer que he puesto en práctica el consejo y, desde luego, vale la pena levantarte una horita antes, desayunar tranquilamente, darte una duchita rápida y cambiar tu uniforme de noche por ropa de calle cómoda (tampoco hace falta engalanarte). Desde que lo probé, lo he tomado como rutina diaria y me siento mucho más positiva y con ganas de empezar el día que cuando estaba en pijama hasta terminar de trabajar J.

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Llegamos al hotel donde se había organizado todo y estaban presentando a la Magistrada Pilar Luna Jiménez, quien nos explicaría muy fervientemente cómo vive la situación desde su puesto como jueza en la Comunidad de Madrid, donde la subasta de los servicios de interpretación lleva a Seprotec a ser el proveedor de los intérpretes para todos los juzgados de dicha Comunidad Autónoma. Nos expuso la ética dudosa de la empresa, que no duda en enviar no solo a estudiantes de traducción, gente sin ningún título en traducción o con poca (o nula) experiencia, sino también a licenciados en otras áreas sin ninguna especialidad ni experiencia en traducción o, simplemente, a individuos que apenas conocen la lengua española o la lengua a interpretar. Explicó con pelos y señales la lucha que está llevando a cabo para que esto cambie, ya que la libertad de muchos depende de una buena interpretación. Al final de su discurso, recibió el nombramiento a socia de honor de Asetrad, algo muy aplaudido en la sala y que hizo que de Doña Pilar brotasen algunas lágrimas más.

Sin duda, uno de los testimonios más emotivos de la charla. A veces uno no se plantea cuán grave puede llegar a ser el problema de una mala interpretación hasta que te lo cuentan de primera mano y de la manera tan clara y cercana como lo hizo Pilar. Nos hizo partícipes de la problemática en profundidad y nos instó a tomar parte activa en esta lucha.

Después, Trinidad Clarés explicó la situación de los intérpretes en Reino Unido debido a la subcontratación de sus servicios. Hace unos meses, Curri publicó en Twitter una noticia en la que explicaba que un grupo de intérpretes en Mánchester había decidido negarse a trabajar porque la compañía que les había subcontratado no solo les pagaba una miseria sino que, además, en muchos casos, llevaban tiempo sin cobrar. Recordé esta historia cuando Trinidad nos contaba la situación de los intérpretes británicos, sobre todo al mencionar la agencia que, al parecer, había ganado la mayoría de las subastas para proveer los traductores; una agencia con la que he trabajado en el pasado, pero que últimamente parece importarle muy poco la calidad no solo de las interpretaciones sino también de las traducciones.

Trinidad explicó que, hace unos años, los traductores e intérpretes estaban mucho más «protegidos», ya que habían creado una nueva en la que incluso aparecían unos sueldos mínimos. Sin embargo, hace unos años, esa ley se eliminó y dejó a los traductores e intérpretes judiciales solos ante el peligro y ante los abusos de las grandes agencias de traducción. Sí, el sol parece siempre más brillante al otro lado, pero desgraciadamente, la situación de España y de Reino Unido es muy similar.

Llegó el turno de los tres últimos ponentes: Raúl García, Maximino Álvarez y Javier Sancho.

Raúl nos explicó (bueno, nos dio ánimos, más bien) que, da igual que haya empresas que se empeñen en inventarse «trucos» para hacer traducciones más baratas, que no importa que se empeñen en usar traductores automáticos (o sea, máquinas) y pasar dichas traducciones a traductores humanos para que las editen posteriormente: los traductores estarán siempre allí para realizar traducciones humanas de calidad y no tenemos por qué considerarnos todos posteditores y, ni mucho menos, aceptar postediciones si no queremos.

Maximino nos explicó con todo detalle el caso de Lionbridge, o de cómo esta empresa se las apaña para reducir las tarifas de sus proveedores y de chuparles la sangre, si se dejan. Nos explicó no solo las veces que Lionbridge ha pedido a sus proveedores que rebajen sus tarifas, sino que, además, les ha obligado a utilizar un programa, el Translation Workspace para realizar las traducciones. Además, los traductores deberán pagar una mensualidad por poder usar este programa y ni siquiera podrán reutilizar sus propias memorias para otros proyectos similares.

Pero no hace falta ser un lumbreras para saber que Lionbridge no es la única empresa con éticas laborables de este tipo. Hay muchas otras grandes multinacionales que están empezando a crear programas para que sus proveedores utilicen y que, bueno, pueden llegar a ser el próximo Lionbridge. Y, si no, tiempo al tiempo... No sé, Vanessa, ¿tú qué opinas?

Pues sí, Curri. Como comentas, esta magnífica idea está comenzando a contagiarse a otras grandes empresas de traducción a nivel mundial. Lo que, desde luego, hay que tener claro es que estas empresas disponen de una amplia base de datos sobre traductores y, la mayoría de ellas, tienen estadísticas sobre los proyectos que han realizado y la satisfacción del cliente o los correctores internos. Si normalmente colaboras con una de estas grandes agencias de traducción y te remiten un flujo de trabajo constante, seguramente eres un traductor valorado. No cedas bajo ningún concepto ante sus bajadas de tarifas. Si la trayectoria de un traductor consta como buena en la base de datos, por más pruebas que hagan a nuevos lingüistas, no se arriesgarán a perder clientes que demandan expresamente que sus proyectos los lleven los mismos lingüistas que siempre han trabajado en ellos. Te aseguro por mi experiencia que por más que utilicen memorias de traducción y glosarios, el cliente nota la calidad de la traducción y, tarde o temprano, notificarán su descontento al jefe de proyecto, que no tendrá otra opción que aceptar tus tarifas y seguir contando contigo, al menos para determinados proyectos, si no para todos en los que antes colaborabas.

Por último, Javier nos explicó la situación de FEGILT-SEIL y de cómo han creado una «homologación» que supondría todo aquel que quiera trabajar para ellos deberá obtener dicha homologación y pagar una cuota para poder trabajar. Además, los criterios recogidos en esta homologación no son, en absoluto, aquellos recogidos en la norma de calidad europea y, por lo tanto, no se ve demasiado sentido a todo esto, más que conseguir aún más dinero de los traductores, confundidos, indecisos y necesitados de trabajo.


Tras esta intensa charla, estábamos todos hambrientos y nos fuimos en busca de un buen restaurante para comer y seguir charlando. Encontramos uno donde comimos delicias como estas:












Después de comer, nos despedimos y cada uno se fue por su lado. Pero tanto Vanessa como yo, seguimos hablando sobre traducción, traductores y de lo buenísimo que había sido el fin de semana.


Y tanto, Curri. J Mira si me gustó compartir experiencias e ideas con otros compañeros de profesión que, animada por muchos de vosotros, me he iniciado en esto de Twitter (@valocor) e incluso me he decidido a escribir un blog sobre traducción y corrección de textos y material audiovisual, donde pretendo enfocar el funcionamiento del negocio o la profesión de traducción no solo desde el punto de vista del profesional autónomo, si no también desde el de los jefes de proyecto, jefes ventas y lingüistas internos que trabajan en las agencias de servicios lingüísticos, como es mi caso. Con él espero poder seguir compartiendo experiencias sobre el mundo de la traducción y la corrección, seguir creciendo día a día y, por supuesto, aportar visiones nuevas que puedan ayudar a otros profesionales, estudiantes o, simplemente, curiosos o interesados en este campo, a entender mejor la situación y el trabajo de los profesionales que «crean» traducción.

Por si os interesa, este es mi blog (¡cualquier comentario es bienvenido!): Tradúceme despacio que tengo prisa J



Y con esto, acabamos nuestra narración sobre un fin de semana que deseamos repetir muy pronto. ¡Ya os echamos de menos!

miércoles, 13 de abril de 2011

Un fin de semana «traductoril» en Valencia (Parte I)

Llevábamos meses preparándolo, haciendo planes, hablando con unos y con otros, comentando quién iba a ir y quién no y dónde nos alojaríamos. Mientras esperábamos, algunos tuvieron otros compromisos como conferenciantes; otros leían las crónicas de esas presentaciones. Pero, al final, llegó el momento de encontrarnos en Valencia, donde aproveché para introducir al mundo tuitero-bloguero-traductoril a una gran amiga que ha estado trabajando duro detrás de bambalinas: Vanessa Lorite (Paloma para algunos; Lorena para otros). Y con ella es con quien escribo esta crónica, aprovechando que le ha gustado el mundo cibernético (por cierto, se creó una cuenta de Twitter, @valocor, por si queréis seguirla) y de que quiere estrenarse en esto (me ha contado un pajarito que, muy pronto, ella también tendrá un blog… Shhhh, ¡es un secreto!).

Llegó el viernes y, con él, los nervios. Nervios por ver a algunos conocidos (Pablo Muñoz y Lluís Cavallé) y por conocer a otros con los que he estado hablando de forma virtual y cuya imagen era, para mí, una imagen chiquitita al lado de sus comentarios de Twitter o Facebook. Creyendo que el curso de Word que impartía el archiconocido Xosé Castro empezaba a las 16.00 h, llegamos allí a las cuatro menos cuarto… Y no había ni un alma. Preguntamos en recepción y nos dijeron que empezaba a las 16.30 h. Chachi. Era el momento perfecto para ir a disfrutar del sol. Volvimos al cabo de media hora y, ahora sí, ya se oía el bullicio de la gente que esperaba que comenzase el curso. En el recibidor del sótano reconocí a Manuel Saavedra y a Jordi Balcells. Después Ana Rubio e Irene Sánchez se presentaron (cómo cambia la gente de la minifoto del Twitter a la realidad… Para bien, claro, la gente es siempre más guapa en persona). Poco después llegó Pablo con Judit, y también descubrí que, por ahí, andaban Lluís y Marta Ortells.

No sé si a ti te pasa, Vanessa, pero cuando desvirtualizas a alguien (¡qué raro suena!) con el/la que llevas meses hablando a través de una pantalla de ordenador es algo extraño, a la vez que emocionante. Podemos ocultarnos detrás de ese iconito con nuestra imagen (o lo que sea que usamos), detrás de esos 140 caracteres. Pero al conocer a alguien ya en persona, no hay forma de ocultarte: eres lo que eres.

Bueno, Curri, en mi caso, no conocía a nadie de los mencionados arriba, ni en persona ni virtualmente, pero la verdad es que estaba muy ilusionada porque me habías hablado muy bien de todos ellos y, bueno, no me decepcionó ninguno J Me alegro mucho de haberlos conocido a tod@s y, además, en persona directamente. Esta vez, la relación será a la inversa: primero nos conocemos en persona y, después, podremos seguir en contacto de forma virtual, ya que Curri no ha dudado un instante en introducirme en el mundo tuitero

Tras las presentaciones, entramos en la sala donde Xosé estaba preparándolo todo, nos aposentamos al final del todo, descubrimos las chuches que nos habían dejado como obsequio y pensamos: «¡Me encanta!». Y empezó el curso. Los que ya conocen a Xosé, sabrán qué tipo de cursos hace, muy cómicos y, sobre todo, dejando que la gente colabore. Vamos, ideal de la muerte: aprendes al tiempo que haces risoterapia.

Es verdad, Curri. Para mí fue una experiencia totalmente nueva. Nunca había acudido a un taller de traducción y corrección propiamente dicho, pero desde luego estrenarme en esto con la charla de Xosé ha sido una suerte. Como mencionaba Curri, aprender divirtiéndote es, sin duda, la mejor forma de motivarte e interesarte por algo. Desde luego, ha sido una conferencia diferente a todas las que he acudido anteriormente. Xosé actuó de una manera tan natural que creo que tod@s nos sentimos parte activa del taller, en el que por supuesto, nos hizo totalmente partícipes y nos animó a colaborar en todo momento.

Sobre el curso, aunque no queremos haceros una lista de todos los truquitos (más que nada, por no chafarle el negocio a Xosé y, sobre todo, porque necesitaríamos varias entradas para ello), sí que queremos compartir la experiencia positiva que vivimos.

1. Hay que conocer y dominar el Word (y el resto de programas que usamos para traducir) más que a nosotros mismos, porque de ello depende nuestra productividad. Al fin y al cabo, es nuestra máquina de hacer dinero. Cada vez que queremos buscar algo en internet, o consultar el glosario que el cliente nos ha enviado, o ver el correo que nos acaban de enviar con una oferta de trabajo «soltamos» el teclado y movemos la mano al ratón, buscamos el cursor y elegimos la opción que queremos, perdemos unos 5 segundos. Al cabo de unas horas, esos 5 segundos se convierten en valiosos minutos que podrías dedicar a descansar, a mirar por la ventana o hacerte una manzanilla.

2. Nadie nace aprendido ni con la lista de atajos del Word metida en la cabeza, así que, aunque no nos guste, para aprender, primero tendremos que saber qué combinación de teclas hace qué o qué combinaciones podemos asignarle a otras acciones que nos interesen. Y, después, practicarlo, practicarlo mucho para que se transforme en algo innato, como el Ctrl + G (o Ctrl + S, si tu Word es inglés) para guardar el documento siempre que nos detengamos, aunque sea para rascarnos la nariz. Y para demostrarnos que vale la pena perder un rato (o unos días) intentando aprender todos los trucos que nos daba, hizo la prueba con un voluntario: Xosé cronometró el tiempo que tardaríamos en hacer algo usando el ratón y, después, cronometró cuánto tardaba él en hacer lo mismo pero sin usar el ratón. A mí, me convenció, oiga.

3. Absolutamente todos los elementos de los menús y las acciones de Word (y, por extensión, el resto de programas de Office) pueden personalizarse y pueden recibir una combinación de teclas. Todo es ponerse un día, buscar qué nos interesa utilizar y personalizarlo a nuestro gusto.

4. Las opciones dentro de la configuración de Word que vienen por defecto suelen ser bastante molestas.


Por ejemplo, Si vais a Herramientas > Opciones, veréis que hay montones de pestañas y opciones para seleccionar. Seguro que la mayoría jamás las ha tocado. Yo (Curri) confieso que, en algunas pestañas, sí que he cambiado cosas, pero nunca he llegado a entender todos y cada uno de los puntos, así que, os aconsejo que activéis la Ayuda de esa ventana. Para ello, abrid la ventana Herramientas > Opciones y haced clic en el interrogante al lado de la cruz para cerrar la ventana, y os saldrá esto →

Si le dáis a cada uno de los enlaces, os sale la explicación de las pestañas y de cada elemento que hay en ellas.

5. Lo mismo habría que hacer con la autocorrección, que suele tener combinaciones de caracteres que pueden molestarnos bastante. Elimina todo aquello que no te interese (mejor, dicho, elimínalo todo), y añade todo aquello que vaya a serte útil que Word te lo autocorrija, como (R) por ®, o << y >> por « y ». Hay que usar esta autocorrección para hacernos la vida más fácil, no para que tengamos que deshacer lo que a Word le parece J

6. Desde luego, uno de los trucos más interesantes fue la creación de macros. No sé vosotros, pero siempre las hemos considerado un tabú, «algo al alcance de unos pocos elegidos». J Y, desde luego, Xosé nos hizo ver que no es tan fiero el león como lo pintan. Para evitar repetirnos, podéis consultar el blog de Pablo, que seguro que os sorprende. Eso sí, ¡animaos a probar suerte!

7. Todo lo que está en Office 2003, también está en Office 2007 y 2010. Solo hay que buscarlo J Incluso puedes añadir el menú de Office 2003 si quieres (Pablo lo ha explicado muy bien, así que, no vamos a repetirnos).

Al acabar, ya no quedaban chuches y teníamos la cabeza llena de ideas y buenas proposiciones. Pero lo mejor estaba aún por llegar: cena, copas y cotilleos. La noche se nos hizo corta porque había que madrugar al día siguiente, pero valió la pena.

Os invitamos a visitar las bitácoras de otros traductores que también comentaron sobre el curso, como por ejemplo, Pablo, quien hizo un buen resumen de lo principal. También Judith Carrera y Carolina Rodrigo hicieron una buena crónica del fin de semana traductoril. Si no os basta, hemos encontrado a dos traductoras más que no conocíamos, pero que también han sabido plasmar muy bien lo interesante y productivo que fue el fin de semana: Ana Belén y, de una forma un poco más personal, Empar Paredes.

¡Muy pronto habrá más!

sábado, 12 de marzo de 2011

Control de Calidad, Localización y Experiencia: la Combinación Perfecta para la Mejor Localización (y V)

Como ya expliqué en mi anterior entrada, lo que a todos nos parece que es el trabajo ideal para los amantes de los videojuegos, no es tan bonito como nos puedan hacer creer algunos. Además, para poder llegar a ser un buen experto en control de calidad, se necesita mucho más que simples habilidades «videojueguiles» o conocerse de pe a pa la lista de los juegos más vendidos de la historia.
Pero nos siguen surgiendo dudas en esto de «la localización de calidad», sobre todo en cuanto a qué profesionales escoger, cómo deberían trabajar o si es mejor contratarlos de forma interna o dejarles que trabajen en casa. Eso es lo que pasaré a explicar.
4.- Interno vs Externo
Muchas compañías podrían pensar que tener un equipo de traductores internos es demasiado caro, ya que la compañía tiene que pagar todos esos gastos adicionales que no tendría si fuesen externos. Sin embargo, no tiene por qué ser así.
Las traducciones pueden hacerse de forma externa bien por traductores independientes o por agencias. Es verdad que la opción cómoda sería subcontratarlas a agencias, ya que solo necesitas enviar el texto, sin preocuparte del volumen, y se pueden preocupar de un gran volumen de traducciones en un período corto de tiempo. Sin embargo, es aquí donde puede perjudicarse la calidad del producto final. No diré que es el caso de todas las agencias pero, en general, guando una agencia puede llevar a cabo grandes volúmenes de palabras es porque el texto no lo traduce completamente la misma persona, sino varias, y es ahí donde puede haber contradicciones, falta de coherencia y errores. Claro que, si la traducción la corrige una misma persona, muchos de los problemas pueden solucionarse. Sin embargo, ¿no creéis que sería mucho más seguro si solo hubiese un traductor y un corrector?
Además de todo esto, hay que tener en cuenta la diferencia entre trabajar con varios intermediarios o trabajar directamente con el traductor y el corrector. La principal diferencia es que, con tanta gente de por medio (por razones obvias), no todo lo que se paga a la agencia acabará en manos del traductor (muchas veces, ni siquiera una cuarta parte), con lo cual, se corre el riesgo de que el encargado de tu traducción y/o corrección tenga que trabajar bajo presión, muchas horas y sin apenas recibir dinero a cambio, lo que, a la larga, podría frustrar al traductor o hacerle sentirse «poco apreciado», y esto podría repercutir en la labor final. No hace falta echarse las manos a la cabeza aún, ya que esto tiene más lógica de la que parece. Cualquier trabajador que tenga que trabajar horas extra para poder llegar a fin de mes, trabajará más de la cuenta y, por lo tanto, estará más cansado. De esta forma, el rendimiento se verá reducido y los errores pueden ser mayores. Si a esta persona se le sube el sueldo y, por ello, puede dejar de trabajar horas extra, estará más descansado, más concentrado y, en definitiva, más feliz. Incluso si sigue trabajando esas horas extra, pero el sueldo «extra» es muy bueno, cuando acabe el proyecto, podrá pagarse unas vacaciones para relajarse (y premiarse) por todo el trabajo realizado.
Pero volvamos con nuestros traductores y correctores y con nuestra calidad. ¿Qué tal si pudiésemos tener al traductor justo al lado del programador? Si tenemos estos traductores trabajando en la propia empresa podría ser la forma más rápida de conseguir la traducción más rápida y de mayor calidad. Podría parecer que es más caro, pero si piensas en todo el control que un desarrollador o distribuidor puede tener sobre las traducciones, al final, acaba siendo más barato que enviar las traducciones a una agencia (que acaba siendo la opción con más intermediarios y que puede suponer también mucho dinero en gastos administrativos). Otra alternativa igualmente buena, sobre todo si la empresa no tiene sitio en la oficina para uno o dos traductores por idioma, podría ser enviar estas traducciones a traductores y correctores independientes.
De esta forma, la empresa de software puede trabajar directamente con los traductores, resolver cualquier duda que estos tengan, escuchar sus sugerencias, etc., y todo esto, sin que haya gente de por medio. Es una forma muy cómoda: siempre se puede enviar una copia protegida del juego, o una muestra del mismo, o incluso enviar capturas de pantallas de forma instantánea usando programas de mensajería instantánea (skype, msn) o, incluso, usando algo como DropBox. Por supuesto, todo esto podría mejorarse aún más si se le ofrece la oportunidad al traductor de trabajar en la oficina, donde el juego se está creando y donde puede hablar con los programadores, diseñadores y el resto del equipo, y expresar cualquier cosa que necesite sin tener que menear correos electrónicos de un lado a otro.
¿Y qué hacemos con las pruebas de control de calidad? Con esto puede hacerse algo muy parecido. Si bien es cierto que hay muchas empresas que ofrecen servicios de testeo, y hasta servicios de traducción, para saber si realmente estás usando bien tu dinero, hay que saber cómo funcionan por dentro. [Peligro: si trabajas en una de ellas, no leas, o puede que hiera tus sentimientos ;)] Mientras trabajaba como jefe de proyectos de control de calidad de localización (o, en su versión corta, Lead tester), tuve que trabajar con dos de las compañías de testeo más importantes del Reino Unido y, creedme, fue duro. Podría contar montones de historias y anécdotas que tuve con ellas, pero prefiero limitarme a explicaros los hechos, y ya sacaréis conclusiones.
Las compañías con las que trabajé mientras estaba en Eidos, trabajan en turnos, de forma que, muchas veces, la tarea que ha empezado un probador, la finalizará otro. Hay casos en los que las instrucciones dadas en un momento determinado se dan únicamente al probador que esta testeando en ese turno, con lo cual, si es algo importante que hay que cumplir, o alguna parte del juego que hay que evitar, puede que el probador del turno de después no se entere, de forma que pierda el tiempo testeando algo que no debería, o testeando algo sin seguir las instrucciones del cliente. Otro de los problemas con los que me encontré en otro proyecto donde los que hacían el control de calidad de funcionalidad se encontraban en Canadá fueron las diferencias horarias (y ya no solo con compañías en diferentes husos horarios sino también, una en el mismo país pero que trabaje durante un turno diferente al tuyo), de manera que, si había algún problema durante el proceso de testeo, no te enteras de nada hasta que llegabas al trabajo al día siguiente.
Por supuesto, lo bueno de estas empresas es que pueden trabajar durante más tiempo (según qué compañías, hasta 24 horas al día). Sin embargo, ¿no creéis que sería mejor que tu juego lo mirase siempre la misma persona o personas, con el mismo horario que tú y que siempre tenga la última información que le encargue el jefe de proyectos? ¿Y qué me decís de tenerlo cerca, para poder consultar cualquier duda? O incluso poder tener contacto rápidamente por medio de videoconferencia, o que pueda acudir al cliente (desarrollador/distribuidor) de vez en cuando. Yo creo que sí es mejor.
Por otro lado, teniendo en cuenta de que, en algunos casos, hay compañías que no llevan a cabo el control de calidad de los productos localizados, sí que deberíamos asegurarnos de que la localización de los productos sea de la mejor calidad y, sobre todo, esté realizada por gente experta en la materia, que conoce bien cómo son los videojuegos por dentro… Más que nada, para evitar sorpresas. Aún así, sigo recomendando a todas las empresas de videojuegos que se gasten un poco de dinero en el testeo… Porque su juego lo vale :)

5.- El traductor y el tester, ¿deberían ser la misma persona?
Con toda la información que he ido dando en estas cinco entradas, seguro que ya podéis iros contestando a esta pregunta, aunque cabe decir que no hay una única respuesta «válida» (el osito de peluche de la feria habrá que repartirlo). Eso sí, la última decisión dependerá siempre de las circunstancias de la compañía, de sus decisiones de marketing o, incluso, si tienen alguna limitación legal.
La mayoría de los distribuidores grandes tienen su propio equipo de control de calidad interno (aunque con la crisis, muchos han preferido prescindir de ellos). Los desarrolladores también tienen uno. La decisión sobre si contratar los servicios de traducción a traductores independientes o a una agencia recae en el desarrollador o distribuidor. Si se decide optar por la agencia y el equipo de control de calidad interno es bueno, la localización del producto será seguramente buena, pero no sin un gran esfuerzo por parte de los pobres probadores. Sin embargo, si la empresa decide prescindir del testeo y decide optar por enviar la traducción a una agencia, donde puede haber 4-5 traductores y 2-3 correctores (que, tal vez, no tengan experiencia en videojuegos)… Bueno, eso ya es otro tema.
Teniendo en cuenta la experiencia que he tenido trabajando como probadora de videojuegos, trabajando también para algunas de las agencias de traducción que nos hacían las traducciones a nosotros, y trabajando como localizadora independiente, experta en videojuegos, creo que la mejor opción para conseguir la mejor localización es que el traductor esté también involucrado dentro del proceso de testeo, bien sea de forma interna (con testers que tengan experiencia traduciendo o que tengan una carrera en traducción) o de forma externa, por traductores independientes con experiencia en control de calidad. En este último caso, también se podría pedir al traductor que acudiese a las oficinas una temporada para llevar a cabo el testeo, aunque también podría alternarse que trabaje desde casa y que, de vez en cuando, vaya a la empresa a ultimar algunas cosas, preguntar o, simplemente, participar de forma activa en el diseño del producto.
De esta forma, el creador del videojuego puede asegurarse en todo momento que su producto está en las mejores manos y conseguir la mejor calidad en el producto localizado. Además, a largo plazo, también será la que supondrá un gasto menor a la empresa. Ya sabéis, lo barato acaba siendo caro.